Cómo diseñamos una propuesta gastronómica inspirada en la electrificación para BYD
Cuando una marca presenta un nuevo espacio, no basta con servir comida.
El catering forma parte de la escena, del ritmo y de la manera en que los invitados recuerdan el evento.
En el caso de BYD, el punto de partida era claro: diseñar una propuesta para la presentación de un concesionario, en un contexto donde la movilidad eléctrica era el eje principal. Pero la respuesta no podía ser literal, fría o excesivamente conceptual.
No se trataba de hacer una cocina “tecnológica” por el simple hecho de hablar de electrificación.
Se trataba de entender qué representa realmente ese universo: avance, precisión, eficiencia, limpieza visual, cercanía y una forma más actual de relacionarse con el movimiento.
Desde ahí construimos una propuesta que buscaba reflejar ese espíritu sin perder algo esencial: que la comida siguiera siendo fácil de disfrutar.
Una propuesta a medida no empieza por los platos
Antes de elegir piezas, analizamos el tipo de evento.
Un concesionario no es un salón privado ni una cena sentada. Es un espacio de circulación, conversación y descubrimiento. Los invitados se mueven, observan, hablan, se acercan a los vehículos, vuelven a la barra, comentan.
Por eso la propuesta debía funcionar con un ritmo ágil, visual y accesible.
El menú no podía exigir demasiada atención al invitado, pero sí debía dejar pequeñas huellas memorables. Piezas breves, reconocibles en parte, con un punto de sorpresa y una presentación cuidada.
Ese equilibrio es importante: en un evento corporativo, la gastronomía debe elevar la experiencia sin competir con la marca anfitriona.
Electrificación no significa frialdad
Uno de los riesgos al trabajar con una marca tecnológica es caer en una estética demasiado distante: todo muy pulido, muy conceptual, pero poco humano.
En este caso preferimos una lectura más sencilla y cercana.
La electrificación habla de futuro, pero también de uso cotidiano. De una transición que tiene que conectar con la gente, no intimidarla.
Por eso combinamos piezas de carácter más gourmet con elementos reconocibles: gazpacho, embutidos locales, jamón cortado al momento, postres de inspiración catalana, vinos seleccionados y bocados que reinterpretan sabores familiares.
La propuesta no buscaba alejarse del público.
Buscaba invitarlo a entrar.
El detalle corporativo como punto de conversación
La pieza corporativa fue uno de los elementos centrales: una piruleta de chocolate blanco con esencia de tiramisú, personalizada con el logotipo de BYD.
Este tipo de recurso puede parecer pequeño, pero cumple varias funciones.
Primero, integra la marca en la experiencia sin convertir el catering en publicidad rígida.
Segundo, genera un momento fotografiable.
Tercero, permite que el invitado se lleve una imagen clara del evento: la marca no solo estaba en los coches, también aparecía en los detalles.
Cuando una pieza corporativa está bien planteada, no interrumpe la experiencia. La completa.
Producto local para equilibrar innovación y proximidad
La propuesta incorporaba una estación de embutidos y quesos de proximidad, con una presentación cómoda, directa y fácil de disfrutar.
Esto no era un añadido casual.
En un evento vinculado a una marca global, introducir producto local ayuda a anclar la experiencia al territorio. Barcelona, el concesionario, los invitados y el contexto gastronómico tienen que sentirse conectados.
La innovación funciona mejor cuando tiene una base reconocible.
Por eso este tipo de estaciones aportan algo más que alimento: crean pausa, conversación y sensación de hospitalidad.
Piezas gourmet con lectura inmediata
El menú combinaba bocados con más impacto técnico, como la yema rebozada sobre balsámico de trufa blanca o la esferificación de aceituna, con piezas más directas y emocionales como el brioche de carrillera a baja temperatura, el churro bravo o los conos de sobrasada con queso de Mahón y miel.
No todas las piezas tienen que cumplir la misma función.
Algunas están pensadas para sorprender.
Otras para reconfortar.
Otras para abrir el apetito o generar conversación.
La clave está en que el conjunto tenga ritmo. Un menú de catering no puede ser una sucesión de ideas aisladas. Debe tener equilibrio entre intensidad, frescor, textura, temperatura y facilidad de servicio.
La experiencia también se diseña desde el servicio
En esta propuesta, el formato elegido fue un cóctel con camareros, barra de bebidas, mobiliario, cristalería, montaje, recogida y retirada de residuos.
Esto importa porque el valor de un catering no está solo en lo que se come, sino en cómo se integra dentro del evento.
Un buen servicio debe estar presente sin invadir.
Debe mantener el ritmo sin generar sensación de prisa.
Debe resolver sin llamar la atención.
En eventos corporativos, esa parte invisible es especialmente importante. El cliente no solo necesita una propuesta creativa; necesita que todo funcione.
Sencillez no significa falta de profundidad
La propuesta para BYD no intentaba demostrar complejidad en cada plato.
Intentaba construir una experiencia coherente.
Una marca asociada a la electrificación no necesitaba un menú excesivamente experimental. Necesitaba una lectura gastronómica limpia, dinámica, actual y cercana.
Ahí está muchas veces el verdadero trabajo: no en hacer más, sino en saber qué tiene sentido hacer.
En Sínfora entendemos cada evento como una situación concreta. Analizamos la marca, el espacio, el tipo de invitado, el ritmo de servicio y el impacto que se quiere provocar.
Porque una propuesta a medida no consiste en cambiar un logotipo o adaptar un menú ya existente.
Consiste en hacer que cada decisión tenga un motivo.